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Trabajo remoto y cultura organizacional

por Rocio Acebey (Actualizado ‎08-04-2021 21:24 por Diego Castro VISMA )

El COVID-19 forzó al mundo laboral a acelerar una transformación que ya estaba ocurriendo hacía algunos años: horarios flexibles, trabajo desde la cocina, la cochera o incluso la cama y hoy en día, el cuidado de la salud en estos momentos difíciles.

 

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La oficina tradicional, tal como la conocemos,  nació hace unos 300 años con la Revolución Industrial y es el espacio físico en el que las personas trabajan por jornadas de 8 o 9 horas diarias, varios días en la semana, realizando diferentes tareas. 

 

A partir de la llegada de la Pandemia del COVID-19, que obligó a la medida del confinamiento, muchas empresas debieron repensar esta forma tradicional de trabajo, adoptando una nueva modalidad: el trabajo remoto. 

 

Previamente, llamábamos “trabajo” al espacio físico. “Voy al trabajo”. 

 

Este cambio obligado, nos invita a reflexionar acerca del concepto de trabajo: el trabajo ya no es un lugar. Es lo que hacemos, son nuestras responsabilidades, es el valor que cada colaborador aporta. Y la “empresa” deja de ser el lugar de trabajo, para pasar a ser un “equipo” que tiene un objetivo común. 

 

El trabajo remoto es beneficioso desde muchos puntos de vista: ahorramos tiempo valioso que solíamos emplear movilizándonos a la oficina, podemos hacer los quehaceres domésticos mientras trabajamos, podemos pasar más tiempo en familia, disfrutar más de nuestras mascotas, comer más saludable y , por sobre todas las cosas, el beneficio más grande es poder proteger nuestra salud y la de quienes nos rodean.

 

Ahora bien, el perder la referencia de un espacio físico como “nuestro lugar de trabajo”, implica un desafío enorme para las empresas: ¿cómo encontrar las estrategias para transmitir la cultura, y hacer que los colaboradores se sientan parte? ¿cómo construir y afianzar el sentido de pertenencia si no tenemos esas charlas de café, esos encuentros casuales en la oficina, si no compartimos almuerzos, espacios, reuniones presenciales? Y, sobre todo, hay un enorme desafío en este sentido para quienes se incorporan con esta modalidad de trabajo

 

Cuando hablamos de “cultura organizacional” muchas veces pensamos de forma grandilocuente, Pero en definitiva, la cultura es todo lo que hacemos, y la hacemos todos. Su construcción no es patrimonio de RRHH ni del management. 

Cada cosa, por más pequeña que sea, es cultura. Y se manifiesta y se transmite también, en todo lo que se hace: en la forma de contar la historia, en el lenguaje, en el estilo de management, en las actividades y capacitaciones que se organizan, y, sobre todo, a través de la comunicación. 

 

Debe trabajarse fuertemente en la comunicación, en todos los canales: los formales, y, sobre todo, en los informales. Es importante tener conversaciones frecuentes y fluidas con cada colaborador. Saber cómo se siente, qué necesita, tanto en lo laboral, como en lo personal. 

 

La gestión humana debe ser eso, humana, por sobre todas las cosas, para que todos puedan sentirse parte, y de ese modo se refuerce la pertenencia, la motivación, y el sentido de equipo.